Adriana Acero Gutiérrez · South Florida Journal of Development 2026 · 2026
DOI: 10.46932/sfjdv7n9-006
Counts differ because each database indexes a different set of publications. We treat OpenAlex as the canonical count; Google Scholar is not shown (no API, and crawling it violates its ToS).
Las nuevas tecnologías son un instrumento indispensable para realizar las funciones y prácticas de casi todas las actividades del ser humano en la actualidad; no hay ambientes o áreas —de trabajo o uso cotidiano— en donde no hayan incursionado; particularmente la inteligencia artificial (IA) participa en la mayoría de nuestros quehaceres, tal es su influencia, que inevitablemente surgen las preguntas: ¿cuántas de las tareas realizadas a partir de este recurso son creadas por la voluntad de un individuo?, y ¿qué tan consciente es este del daño que puede causar su uso desmedido? Lamentablemente, los avances tecnológicos provocan una limitación de la actividad mental y el proceso cognitivo, lo que ocasiona que las personas se vuelvan incapaces de reflexionar, actuar y crear de manera original y auténtica, pues prácticamente están siendo conducidas a comportarse como autómatas. Esto ha desencadenado un grave conflicto respecto a la responsabilidad ética en la resolución de algunos problemas. En el ámbito del diseño, la IA ha presentado una influencia exorbitante, puesto que los procesos metodológicos de conceptualización, capacidad de síntesis, abstracción y planteamiento de resultados están siendo sustituidos por acciones tecnológicas que, a través de diversas aplicaciones, pueden generar diseños asequibles, pero que no garantizan un resultado eficaz.
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